Probablemente el punto álgido del consumo de música fué en la década de los 90.

En esa época, una familia promedio podía adquirir un «equipo de música» por un monto razonable de dinero, pero a la vez se aseguraba disfrutar de música con una calidad «de buena para arriba» (6 puntos en la escala de un audiófilo) durante muchos años. Por entonces, entre ar$700 y ar$1200 (con cambio de 1 a 1) era posible comprar minicomponentes AIWA, Philips, Panasonic o Sony que tenían una potencia muy interesante y por sobre todo, una muy buena fidelidad si teníamos en cuenta la relación precio/producto.

A mi entender, los mejores minicomponentes los vimos a principios de los 90’s. Eran negros, sobrios y las «luces» que tenían eran solamente las líneas del analizador de espectro y obviamente información de status, track, volumen y otros «números» que manejaba la parte del amplificador, nada más. Las cajas de los parlantes eran de madera pesada y dura, fuertes. Los parlantes se notaban de buena calidad, con un imán pesado y una goma duradera que lograban un golpe potente, profundo y cálido a la vez. Los medios y agudos eran dados por un equipo de parlantes más pequeños (de 2 a 3) vías también muy buenos. El objetivo de estos aparatos era que presionemos play, nos sentemos con algo en la mano para beber y disfrutar, dejando al reproductor lo más desapercibido posible ya que el protagonismo lo tenía la misma música.

En muchas casas este tipo de equipos era bastante normal.

También los CD’s eran algo novedoso. Y la calidad de audio comparada con los casetes era realmente abismal incluso en el mismo dispositivo. El tema era así: cualquier reproductor de música medio pelo reproducía bastante tristemente a los casetes (principalmente por un ruido de base bastante molesto) pero cuando uno le ponía CD’s la calidad percibida mejoraba notablemente. Obviamente que los casetes no eran malos, sino que para reproducirlos con fidelidad se necesitaban caseteras buenas, algo mas o menos similar sucedía con las bandejas de vinilo.

Por otro lado también existían los equipos de audio modulares. Los que más recuerdo eran los Technics y ONKYO. Estos aparatos se acercaban a la verdadera alta fidelidad (Hi-Fi) y escuchar un CD bien masterizado en ellos era una experiencia superadora y bisagra no sólo para un audiófilo, sino para cualquiera que guste de la música. Todavía recuerdo haber escuchado «Canción Animal» de Soda Stereo en aquel Technics de mi amigo Leo. Se escuchaban absolutamente todos los instrumentos y las voces en un volumen tan alto que vibraban las ventanas y a la vez, sin ningún tipo de saturación. Inolvidable.

Y cómo olvidarnos del bello sonido stereo en la música

El sonido binaural o stereo es una tecnología centenaria y que llevó tantos años perfeccionar. Permite generar un montón de «cosas» en la música, desde separar tanto los sonidos de distintos instrumentos cómo las voces por canal hasta generar cierta sensación de «espacialidad» gracias al trabajo de los ingenieros en sonido que han usado y mejorado diferentes técnicas, por ejemplo el uso de múltiples micrófono o retardos.

Pero disfrutar del sonido stereo no es algo inédito. Hace 30 años la experiencia de  comprar un CD, ponerlo frente al «equipo de música» de la familia y sentarse frente a él era algo cotidiano. Y la realidad es que casi con cualquier equipo regular la experiencia era de buena a muy buena. Pero en un momento esto cambió, y llegó lo que yo llamo «la época del entretenimiento.» Fue a finales de los 90’s, donde pasó algo que también sucedió hace unos años con el mercado de las PC’s Gamers y el famoso RGB: la pelotudez le ganó a la lógica.

Es muy probable que muchos departamentos de marketing se dieran cuenta que a gran parte de los consumidores les chupaba bastante un huevo la calidad del sonido de los equipos y le empezaban a llamar la atención otras cosas. Ahí comenzaron a aparecer equipos de audio – mejor dicho, minicomponentes – que venían con lucesitas, con sistemas de mejora de graves (Bass Boost) y muchas calcomanías en el frontal, mintiendo con un valor llamado «Potencia P.M.P.O» que era prácticamente una estafa.

Acercándonos al año 2000 comenzaron a pulular los «minicompontes» con más luces que calidad de sonido y mucho P.M.P.O.

Así que, acercandonos ya al año 2000,  marcas como AIWA, Philips, o incluso Sony, comenzaron con un declive en las líneas de gama media y media baja. La realidad es que cualquiera de estos «nuevos» aparatos ya no sonaban tan bien. Los parlantes (las cajas) ya no venían tan pesadas cómo antes, los parlantes per se eran de una calidad inferior y a veces hasta venían con 3 vías visualmente pero en realidad eran un subwoofer y un tweeter, y medios de mentira (no conectados). Ah, y otro cazabobos de estos equipos era pelearse para ser quién tenía la bandeja con más CD’s, cómo si eso tuviese algún valor verdadero, aunque el común de la gente moría por ello.

Más adelante en el tiempo hemos visto cómo la industria quiso pasar del stereo al multicanal + luces y espectáculo. Un gran ejemplo de este tipo de sistemas han sido los Sony Muteki. No sé si han escuchado algún Muteki (de los últimos, los negros, no de los primeros) pero seguramente estén de acuerdo que el objetivo pasó de fidelidad a «romper la casa con potencia» y poco más.

El MP3, el Winamp y las PC’s para volvernos más sordos

A principios de este milenio pasó algo excepcional para todos los que amamos la música y fue el formato MP3. Desde que comenzamos a conectarnos a Internet y gracias a la piratería (no vamos a mentirnos entre nosotros) la música pasó a ser gratuita. Hoy la pagamos, poco, eso sí, con excelentes productos como Spotify, pero por entonces directamente nos tomábamos el trabajo de bajarla de Internet para disfrutarla. Creo que eso, que fue genial, dañó un poco la experiencia de escuchar la música. Y no es porque la mayoría de la música en MP3 estaba ripeada cómo el ojete (con los años mejoró gracias a que mejoraron los Codecs) sino que… las PC’s solían tener parlantes de mierda.

Winamp era genial, pero el 90% escuchaba MP3 en parlantes «kit».

Quizás vos, o yo, teníamos un cable largo que llegaba hasta el equipo de audio, pero la mayoría de los mortales se empezó a acostumbrar a escuchar música gratis en unos parlantes Manhattan de U$S10 desde chicos, y probablemente sean los centennials de hoy.

Y es que, hoy, existe no una, ni dos, sino probablemente 3 generaciones que consume música para la mierda. Perdón, sé que sueno un poco soberbio pero es así. Hoy me encuentro con mucha gente que me dice que su sueño es comprarse un JBL Boombox y ahí es donde creo que estamos realmente perdidos. No me malinterpreten, esos parlantecitos Bluetooth JBL me parecen un gran producto. Son impermeables, robustos, y tienen unos graves muy profundos, pero a la vez están lejos de brindar una experiencia musical completa. Sí, obviamente que están buenos para ir a un asado o a la playa (aunque esto último es de termolar) y meter reggaeton, pero no para escuchar y disfrutar de la música.

¿Y saben donde también está el problema? Qué es muy probable que los ingenieros de sonido actuales piensen bastante en cómo se consume la música hoy en día y en un gran porcentaje es en estos sistemas de sonido. No por nada las bases de las canciones del TOP 50 de Spotify patean más fuerte que un burro, no es casualidad eso (y no entremos en los que tienen audiocar extremo porque me denuncian el sitio).

Así que sí. No es casualidad entonces que Sony presenta una heladera con parlantes sin sonrojarse.

Ya no importa más nada, sólo que suene fuerte (y las lucecitas).

Ah, pero potencia y lucecitas.

Los auriculares: la última gran frontera

Si existe un lugar donde todavía es posible disfrutar de la música, es dentro de uno mismo.

No me malinterpreten, seamos serios. Me refiero que los auriculares, hoy, son quizás la última esperanza para aquellas personas que quieren escuchar música con buena calidad sin vender un riñón. Afortunadamente existen infinidad de productos de muy buena calidad y con muy buenas prestaciones. Obviamente con sus PROS y sus CONTRAS pero que permiten apreciar la música casi en todo su esplendor.

De los últimos dispositivos que he probado, debo decir que los que más me han gustado han sido los auriculares inalámbricos Buds 1 y Buds 2 de Samsung. Creo que a nivel precio/calidad son excepcionales. De todas maneras, lo mejor que escuché – es increíble que unos in-ear pateen esos graves – han sido los WF-1000XM4 de Sony, aunque el precio es otro mundo.

Lo mejor que escuché, sin embargo, no está en in-ear sino en auriculares vincha. Y tampoco les voy a venir con un tapado, no. Si algún día pueden comprarse unos Sony WH-1000XM4, háganlo. Es lo mejor que el dinero puede comprar (dentro de lo comprable, obviamente).

Así que ya saben. Si son mas jóvenes que yo y quieren comenzar a escuchar música «cómo la gente» yo les diría que inviertan un poco de dinero en unos buenos auriculares. Y si quieren gastar un poco más, quizás lo mejor hoy en día es buscar algún minicomponente de los 90’s en Marketplace ya que por U$S150 pueden conseguir equipos cuyo sonido anda parejo con parlantes relativamente buenos (cómo Edifier) que valen 6 veces más. Eso sí, hay que ponerles algún adaptador Bluetooth al auxiliar.

Y perdón a todos los audiófilos por los errores. Me gusta el audio, me gusta la música, pero toco de oído

10 COMENTARIOS

  1. Tenemos la suerte de que algunos de estos equipos todavía se consiguen usados si uno busca un poco. Y, en mi caso, conservo unos viejos parlantes Aiwa que aún buscan el equipo donde ser conectados (compré los parlantes sueltos hace años pero por temas de espacio uso unos 2.1 Noga que suenan decente, aunque estaría bueno que el subwoofer no sea una piedra…)

  2. Excelente nota, le agregaria la culpa extra a los servicios de distribuicion modernos, que ironicamente utilizan peores bitrates que lo que disfrutaban los piratas en el 2000. Sin musica de calidad mediante streaming, en una generacion de streaming, ironicamente aunque inviertas no vas a poder ganarle al tema que suena enlatado.

    Y lo peor? siguen saliendo mejores codecs, pero la calidad de la musica en oferta nunca sobrepasa el minimo cuantificable.

    Es ironico, la industria de la musica fue de cabeza a darte el tema gratis y cobrarte el de calidad, pero la gente decidio y la mediocre calidad le basta y sobra.

  3. Miguel

    Pasar de perfil en un artículo tan interesante, sobre propuestas como las que hace Sonos, me parece una oportunidad perdida.

    Gracias por el artículo.

    • Y la verdad que tenés razón.

      Pero a Sonos lo compra gente que sabe de audio, no el «común de las personas» y éste artículo expresa a la generalidad de la gente.

  4. Nicolas Ezequiel

    La comodidad le gano a la calidad hasta mi abuelo que supo tener equipos de alta calidad ahora usa un parlante usb que le regale.

    Yo soy músico y escucho música todo el tiempo. Tengo un parlante usb JBL, tengo una tele conectada a unos parlantes AIWA de los 90 y un smart con un soundbar integrado. Creo que hoy día es mucho más fácil el acceso y la variedad de música por lo tanto siento que evolucionó. La música ahora se graba mucho más comprimida tmb y se usa casi todo digital entiendo tu postura pero para mi evolucionó el hábito y es verdad la mejor forma son unos buenos auriculares ahí si vas a escuchar todas las frecuencias.

  5. Justo estaba leyendo esta nota mientras escuchaba Iron Maiden en mi Sony GR7, el cual tengo contacto a la PC desde que lo compre, mas o menos en el 98. Además de por su calidad de sonido, lo elegí ya que en esa epoca los AIWA parecian arbolitos de navidad y eso nunca me gustó.

  6. Octavio López

    Y cual es tu opinión de Sonos? acabo de comprar mi primer equipo (Era300) y me parece un audio de muy buena calidad, sobre todo si se usa con música en FLAC a traves del adaptador Ethernet/3.5 y la de Apple Music en la mayor calidad disponible.

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