Cuando Nintendo anunció que estaría lanzando una nueva consola de sobremesa, fui una de las personas cuya expresión facial permaneció en estado de “meh”. Después de tres consolas seguidas bastante decepcionantes (unas más que otras), la ilusión que Nintendo causaba dentro de mi ya estaba a punto de desvanecerse. La Wii U fue un pequeño desastre; la Wii, a pesar de su enorme éxito, está como en otra categoría, una de pararse a dar brinquitos más que echarse en un sofá a jugar Super Smash o Mario.

Y por allá más atrás queda la Game Cube, una de las consolas menos memorables de Nintendo, especialmente por la época en la que salió y los zapatos que tenía que llenar. Durante esos años Xbox y PlayStation se hicieron de grandeza, y Nintendo pasó a un lugar secundario en el corazón de muchos. Después de la N64 mi relación con Nintendo entró en hibernación. La Switch y Zelda Breath of the Wild se han encargado solitos de devolverme toda la ilusión, que desde pequeña, me causó la primera marca que mi cerebro siempre ha asociado con videojuegos.

Después de todo, “jugar Nintendo” no es gratuitamente el nombre genérico que le dan a jugar videojuegos las mamás del mundo, bueno, al menos las mamás de los que tenemos más de 20 años o pasamos los 30.

La magia de los juegos de Nintendo

Si algo tienen los juegos de Nintendo, al menos la gran mayoría de los juegos de sus franquicias más grandes y exitosas, como cualquier especie de Mario, Zelda, Metroid y demás, es que son memorables. Son divertidos, son inteligentes, y te la pasas bien jugándolos. Juegos buenos hay muchos, pero cuando uno habla de juegos de Nintendo estos muchas veces entran en otra categoría, tanto que es injusto compararlos con otros más que con ellos mismos y las entregas anteriores.

Cuando empecé a jugar Zelda Breath of the Wild, honestamente no tenía mucho con lo que compararlo. Esta entrega de la saga es la número 16. Se lee DIECISÉIS. Y yo jamás había jugado uno completo. Creciendo pobre, jamás me compraron un Nintendo de niña, ni de adolescente, ni cuando me fui a la universidad, por más que llevara soñando con el día desde que tenía 5 años. Llegué a jugar parte de los dos primeros Zelda en mi Nokia 6265 por allá en la prehistoria. También jugué una parte de Ocarina of Time en el glorioso emulador Project64, pero nunca lo terminé por la incomodidad que representaba no tener un mando.

Así que heme aquí a mis 31 años con mi primera consola de Nintendo. La primera vez que juego Nintendo en algo que es mío, no en la consola de un primo, o un amigo, o de la salita de juegos de la esquina. Cuando uno se emociona tanto con algo se le llena la mente de unas expectativas de gloria, pone a sus héroes de la infancia en un pedestal y cierra los ojos fuerte para evitar ver la caída. Jamás toqué el piso.

La Switch es una consola maravillosa, es el Nintendo más genial que he tocado desde que me enamoré del Super Mario World y el Street Fighter de la Super Nintendo, o del Banjo Kazooie de la N64. Y Zelda Breath of the Wild es uno de los mejores RPG de aventuras que he jugado en mi vida.

Los recuerdos de Link

En Breath of the Wild despiertas como Link en un Hyrule bastante devastado. Han pasado 100 años desde la última batalla contra Ganon, y tú no recuerdas nada. Uno de los principales objetivos del juego es recuperar esos recuerdos para poder ayudar a la princesa Zelda y liberar a Hyrule de la maldad de Ganon… otra vez. Porque estos ciclos son eternos, y los seguirás repitiendo. Conveniente, Nintendo, conveniente.

No tengo ninguna queja sobre la historia, ni sobre los objetivos, ni sobre la forma en la que se presentan. De hecho es totalmente encantador. Los personajes son sumamente carismáticos, y hay muchos personajes secundarios interesantes, con decenas de misiones secundarias que ofrecer e información sobre el estado del mundo actual y sobre los eventos del pasado. Son cosas que no solo nutren la historia porque ayudan a Link a entender lo qué está pasando y lo que pasó, sino que también ayudan al jugador a sumergirse en el mundo del juego y lo motivan a explorar.

Mientras Link iba recuperando recuerdos del pasado, también iba yo recuperando mis propios recuerdos de aquellos gloriosos días de Nintendo y como los cartuchos de sus juegos eran un maravilloso objeto de deseo. Es algo bastante único, que una franquicia sea capaz de aflorar la nostalgia sin realmente ser algo del pasado, después de todo son IPs actuales que nunca han dejado de ser relevantes y que venden como pan caliente. No creo que mucha gente le inspiren nostalgia los Call of Duty o los Assasin’s Creed… pero bueno, eso es otro tema.

El espacio

Poco después de terminar el juego (algo que me tomó unas 125 horas, aunque me sobran bastante cosillas que hacer) me encontré con un interesante video en YouTube sobre la importancia del espacio en Zelda Breath of the Wild, y no pude sino estar completamente de acuerdo con el argumento ahí expuesto.

Hyrule está bastante vacío. Hyrule es enorme. Hyrule es tan grande que deja en pena a otros RPGs de mundo abierto como los geniales Skyrim o The Witcher 3. Hay mucho que explorar, y no hay pantallas de carga en nada (salvo cuando mueres o entras a un santuario), las puertas abren y ya. Puedes pasar horas caminando, deslizándote, a caballo o planeando, y todo lo que ves en el horizonte puede ser alcanzado. Te vas a querer quedar a vivir ahí un rato.

Sin embargo, lo que hace a todo ese espacio tan maravilloso, es que en algún lugar remoto, en algún lugar escondido, en algún momento del día o bajo ciertas condiciones climáticas, algo aparecerá, y cuando lo descubras sentirás una gran satisfacción porque tu iniciativa ha sido premiada. Porque el mapa no te mostró 150 indicadores abrumándote con la recolección de misiones repetitivas y aburridas que te hacen ir siguiendo el minimapa y que evitan que mires a tu alrededor y disfrutes el paisaje. Un paisaje que además es hermoso, porque este Zelda es muy, muy bonito.

En Breath of the Wild te dan un mapa detallado, no me malentiendas, pero tu eres el que debe cumplir el papel de brújula y navegador.

Y ese es un aspecto que han cuidado mucho en este juego y que estoy segura muchísimos aprecian. Zelda BOTW confía en que el jugador será capaz de resolver los problemas que se encuentre sin que el desarrollador le ponga una flechita y un GPS y le diga a dónde tiene que ir y qué tiene que hacer. No te toman de la mano, simplemente te piden que uses la cabeza que tienes reposando en el cuello.

 

Las dos misiones principales básicamente te dicen, “tienes que matar a Ganon, ve y hazlo”. Explora, investiga, aprende. Y eso es sencillamente grandioso.

Otra cosa es que esto no sería posible sin el excelente diseño del juego, por la forma en la que han construido el mundo y con la cantidad de mecánicas empleadas, solo tienes que pensar un poco y encontrarás una solución, las pistas están en todos lados. Las hojas kolog son un gran ejemplo, la forma en que se esconden llegan a ser obvias si miras con cuidado.

¿Qué mas es grandioso? Los efectos de sonido, la música, la ambientación, las sorpresas que aparecen en el cielo, y la satisfacción que causa resolver los acertijos. Ah, y la ropa, la ropa es genial también. Y las armas, aunque se rompan. Y la piedra Sheikah, y los poderes, y los caballos… el caballo gigante.

Hay mucho que no puedo o debería mencionar porque se disfruta mucho cuando te toman por sorpresa, y si algo le sobra a este juego son sorpresas y diversión, algo de lo que muchos juegos parecen olvidarse a veces.

Si tienes el privilegio de poder comprar una Switch, es casi seguro que la experiencia que Zelda BOTW ofrece sea suficiente para que te justifiques la inversión. La consola es genial, el juego es genial. Vamos a jugar Nintendo.

3 Comentarios

  1. Ufa. Soy pobre pero tengo mas que ganas de JUGARLO!!!

    Por ahora pasé el emualdor de SNES y veré de avanzar con A Link to the Past que nunca termine.

  2. tengo muchos amigos, viejos como yo, q me dijeron basicamente lo que estas escribiendo. Este año ya gaste mi cuota de consolas con la ps4 pro, voy a ver si mas adelante si sale algun metroid me compre la switch. De cierta manera estoy esperando q un ruso o chino hackee la consola y la portee a la shield q es en teoria casi lo mismo, asiq no pierdo las esperanzas de poder jugarlo a la brevedad.

    Ademas, hay un par de piratongos que estan emulando la version de wii u, capaz las noticias vienen por ese lado. Obviamente, a pesar de estas alternativas non sanctas espero cuando me acomode economicamente en el mundo de globos amarillos poder hacerme con la consola.

    mientras tanto, estoy enseñandole a mi hija de 5 a jugar al super mario world en mi caanoo, el placer de verla maravillarse con las joyas de mi niñez me da esperanzas de que hay nintendo para rato.

    • Te corrijo, no se dice viejos, se dice adultos contemporáneos… de la versión para WiiU, corre bastante bien en CEMU, sin errores prácticamente pero a 15fps – salvo en los shrines que anda a 30fps.

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