El mar de cambios constantes que es Internet nunca deja de moverse. Cada marea, generación, espacio histórico, tiene sus olas y razones que van desde el viento efímero, a la capacidad de atracción de ciertas lunas sociales, o tumultos desde las profundidades conocidas como inconsciente colectivo. Esto siempre ha sido así, pero pocas veces hemos tenido tal capacidad de verlo en tiempo real, y que deje una marca apreciable, como la que nos entrega Internet.

Parece una locura total, pero ya hay más de una generación dicha con propiedad, que ha nacido a la sombra y acunada por la Red de Redes. Las interacciones sociales se ven atravesadas por la misma, desde el útero hasta la tumba, de las fotos en la panza de mamá, a los abuelos de 90 años mandando audios. No es un cuento de Dick o Bradbury, es la realidad en la que vivimos hace rato, aunque por momentos no nos demos cuenta. Dicen que cierto anfibio se cocina a fuego lento, ya que carece de la capacidad para darse cuenta del gradual cambio de temperatura, que lo termina matando. Algo así debe habernos pasado como sociedad también. Porque el mar que era Internet se ha ido calentando, tomando punto de ebullición, y lo tomamos como algo normal.

El Ágora

Es un trabajo casi arqueológico, visitar las costumbres de uso y comunidad propias de la Internet previa. Una en donde el respeto y la atinencia eran sagrados. O al menos, tenían un carácter mucho más ubicuo que hoy en día. Los foros, lugares basados incluso desde su nombre, en el ágora de los griegos, donde personajes como Sócrates o Platón pasaban sus días enseñando y aprendiendo, han desaparecido. Otros entes parecidos, intentan con todas sus fuerzas parecerse, pero para el que vivió el auge de los foros en persona, sabe que no es lo mismo. Su capacidad de docencia, de lugar en el que, como los helénicos, la gente que empezaba en Internet tenía una acelerada introducción a la netiquette, el conjunto de normas y etiqueta estándar online, se fue con ellos.

Acá, podemos argumentar que los tiempos cambian, que el devenir, el cambio generacional, el formato se avieja, todo lo que queramos. Pero la realidad es que ver tal mutación con una irreductible explicación de modismo, sería fallar el tiro por varios kilómetros. No, el formato y su metamorfosis, responden a un cambio previo: El de la sociedad como tal. La sociedad quería consumir otra cosa, y por ende, el formato basado en las opiniones respetables, el debate centrado y cerebral, y la aceptación de una comunidad en base al mérito ganado ayudando a otros, no le servía. No le gustaba. No enganchaba. Sobre todo, no se le podía sacar un sin fin de réditos. Como Cronos y Zeus, el dios anterior debía morir para que un nuevo orden nazca, y de sus entrañas, saldrían una docena de dioses.

La caída de lo viejo no siempre trae cosas buenas. A veces, se toma milenios en volver a una edad dorada.

El caso de los foros es emblemático, paradigmático, pero no es el único. Incluso en las insipientes redes sociales del pasado, más aglutinadoras, variadas, no tan sectorizadas, había otro ambiente. Es muy probable que lejos de desaparecer, tal espíritu de comunidad se haya desperdigado en innumerables pequeños sitios específicos. Lo cual sin embargo crea otra problemática, la de la Burbuja de Información, es decir, cuando por hábitos de consumo uno termina impregnándose solo del lado más cercano a sí mismo, dejando de lado otra infinidad de realidades. Los sitios que mantienen algún tipo de interactividad entre realidades subjetivas, terminan convertidos en sendos basureros mentales, una colección de insultos genéricos y clónicos, además de falaces. Ergo, el usuario que no está tan fanatizado, o guarda algún tipo de de coherencia, huye despavorido, o ríe con cinismo ante tal despliegue de ad hominem innecesario e improductivo. Tal es la realidad que llevó a muchos de los grandes sitios de noticias, y de opinión, a cerrar comentarios. En términos griegos, la victoria de los bárbaros.

Las viejas salas como ágoras de debate, conocimiento, intercambio, a su vez, han ido cerrando sus puertas o quedando casi abandonadas, muchas veces mantenidas por cierto concepto de romanticismo, a pérdida hasta que desaparecen.

Tribalismo on demand

Lo que llamo en modo muy argentino La mentalidad Boca-River, conocida en círculos más cultos como maniqueísmo, no ha hecho más que aportar brasas al fuego. La concepción de que el que se encuentra delante no es un igual con su cosmogonía, su realidad, su propio universo entendido desde donde se para y por ende, con argumentos que a lo sumo deberán ser rebatidos con lógica; sino un enemigo con el que no se puede ni hablar, es algo conocido por todos. Algo que se ha contagiado a la política, la sociedad, los gustos, la música… y si, a Internet también. Siempre estuvo, pero poco a poco, pasó de ser territorio de extremistas y fanáticos, a algo generalizado, y que ya no entiende de culturas o lugares del mundo, es algo global, y cada vez más violento. Es lógico. No puede haber comunidad donde hay enemigos.

Modernidad, una vez más yendo a cualquier lado.

La masividad de Internet debe haber atraído ciertos males que antes eran purgados por sus cultistas, gente que por lo general cruzaba varios filtros o aprendía en las aulas de los foros, además de las de las escuelas, el concepto de respeto o debate. En tal inserción no hay discriminación por edades, se suman los jóvenes que, inspirados por sus propios mayores cada vez más mal hablados e insolentes ellos mismos, los copian; así como también se insertan viejos carcamanes a los que las edades primigenias de Internet les pasaron de largo, y ahora no pueden obviar. El anonimato oculta a todos, sabios y tontos por igual, y termina haciendo salir las oscuridades más grandes del alma. Aunque, anonimato o no, la gente habla cada vez más en la calle y su casa de la misma forma agresiva que lo hace en línea. La masividad, también, trajo bichos no autóctonos, llenos de intereses ocultos, políticos o de agenda. Las máscaras, IPs y MAC adress ocultan a todos por igual.

¿Quién vigila a los que vigilan a los vigilantes?

Tales pantomimas interesadas de anonimidad, falta de moderación y provocación, fueron convirtiendo a una Internet que pudo ser la Biblioteca de Alejandría moderna, en un tugurio peligroso, de mala muerte, donde hay que tener mucho cuidado y filtrar personalmente todo. Desde noticias a informes, hasta la propia interacción entre sus usuarios. Tal provocación, falta de respeto, se ha convertido en la bandera que enarbolan desde grupos pequeños en redes más grandes, hasta páginas con millones de visualizaciones como 4Chan. La hostilidad, en tal caso, cumple el rol de medio, fin y publicidad. Todas indicaciones de una sociedad que se relaciona consigo misma en forma mucho más violenta de lo que solía hacerlo, y que además, lo tolera, aunque luego llore lágrimas de cocodrilo cuando esa violencia pasa de la pantalla a la vida real, y hace que velemos a un joven, o peor, a varios.

Las pocas comunidades modernas, parecen sitios donde aprender de algún argot arcano y característico de las mismas. Un echo chamber, como se le suele llamar, de personas que piensan demasiado parecido, y no pueden convivir con ningún otro tipo de realidad que no sea la propia. ¿Dónde quedan la tesis y la antítesis, que luego juntas hacen nacer la síntesis, el perfeccionamiento de ambos conceptos? Perdidas en combate. Paradero desconocido, y por lo visto, a nadie le interesa demasiado saberlo en realidad.

Ya no es una cuestión gradual, de burbuja propia o higiene personal online. Es una actitud masificada que no va a cambiar en lo inmediato, que tomó casi toda la Internet 2.0 y la actual en darse, y que no tiene vuelta atrás. Los numerosos metalinkeos de este artículo a otros (al igual que las imágenes) no son casuales y demuestran que el tema se ha ido tocando en profundidad a través de los años en el sitio, un verdadero oasis de buena onda y capacidad de diálogo. Pero los oasis solo recuerdan que todo lo demás es desierto. No hay oasis en los lugares fructíferos, llenos de vida, agua y vegetación. No, en nuestra red de redes, cada vez en cambio hay más espejismos. Espectros de otras eras que, sin dudas, también este escritor y muchos lectores pintarán demasiado de dorado gracias a la maravillosa capa de barniz que da el tiempo y la nostalgia.

Mientras, no dejo de pensar lo triste que es, que muchos de los jóvenes que conocemos, criamos y convivimos en nuestros días, hayan nacido en Internet. En esta Internet. Una demasiado parecida a la sociedad, en la que la capacidad de diálogo se ha perdido, y no se vislumbra una solución o cambio satisfactorio, sino un ensañamiento gradual, incontestable. En esa Internet. La que nos gusta hoy en día. De la que somos, en mayor o menos medida, responsables.

Artículo anteriorCables: esos culpables que pasan desapercibidos
Artículo siguienteCómo ver cualquier película o serie en 5 pasos con Stremio
Hola, me llamo Byron Rizzo. Soy un escritor independiente argentino nacido en Neuquén, al Norte de la Patagonia y Sur del resto del mundo, tierra poblada de cuentos y carente de personas. Mis libros publicados versan sobre temáticas relacionadas, contemporáneas, y pasean entre géneros. Ciencia ficción, cultura cyberpunk, relatos fantásticos de terror adaptados a una era casi sin secretos a simple vista, y otras inquietudes del ciberespacio actual. Busco escribir sobre la época que nos ha tocado vivir, encontrando como los maestros de la literatura antes que yo, la magia y misterios escondidos en las máquinas. Te invito a seguir mi camino, dejando que me vuelva otro personaje secundario en la narrativa de tu vida. Uno que espero disfrutes y enriquezca tu propia historia.

7 COMENTARIOS

  1. alex

    Gracias redes sociales, antes de ellas era lindo internet.

    • Byron Rizzo

      No estoy tan seguro de que por ahí venga la razón Alex. Sin dudas la masividad afectó, pero te puedo asegurar que buena parte de las redes sociales o medios de comunicación pre Facebook (que es el que las termina de moldear como las conocemos hoy en día) eran menos tóxicas. Desde Flickr hasta el primer Fotolog, pasando por MySpace, Messenger o ICQ/IRC, lugares para entrar en contacto en forma casi por defecto ya habían.

      Además, en todo caso las redes no son más que conexiones inertes, que reflejan al usuario. No, no son las redes sociales: Son sus usuarios los que cambiaron. Nosotros.

  2. Siempre buenísimos tus artículos, Byron.

    Es un pesar todo como se dio y se da. Parte de esa violencia también puede venir mucho por como los políticos de la época buscan sectarizar y dividir.

    Creo también que uno de los pocos espacios donde las discusiones se pueden dar pero requieren un trabajo de moderación fuerte es en Reddit o en comunidades que usan Discourse como plataforma de foro.

    En todo caso el gran grueso es Twitter y ahí todo es al rojo vivo.

  3. Dario

    Creo que el problema vino con la masificacion.

    Y la primera red masiva, fue Facebook. Por eso las otras redes sociales previas (pero mucho mas acotadas, casi «de nicho»), no tenian este problema, o al menos, no de manera tan evidente.

    No quiero parecer elitista, pero lamentablemente cuando algo se masifica, indudablemente se tiende a nivelar para abajo (es lo que ocurrio con la television): Facebook (y Twitter tambien) pasó a ser la tierra del chisme, la pavada y las «noticias» incomprobables. En cierta manera, no se diferencia demasiado de esas revistas de chismes, horóscopos y pavadas varias que había a mediados de los 90’s.

    Me alegra que estés de vuelta, Byron.

    Saludos!

  4. Juani

    Excelente artículo, como siempre.
    Un placer leerte Byron!
    Abrazo desde Olavarría.

  5. Mario

    Debería haber autocrítica por parte de algunos provocadores.

    Hace algunos años había un sitio, alt1040, un sitio lleno de editoriales para juntar comentarios, por ejemplo, Samsung: plastico barato con pantalla, o porque Apple tiene la razon. Puro flamer, troll, anti troll.

    Los comentarios los fueron ocultando, cerrando, moviendo a otra página (y echándonos la culpa a los lectores). Así es como un sitio va muriendo.

  6. KMJB

    Un placer leerte Brian, como siempre…chapéu!

    Que hermosos lugares eran los foros, de eso ni se discute, eran otros tiempos…me permito hacer una ligera analogía con las «viejas» redes P2P, léase la querida eMule, Soulseek, los primeros años del biTorrent, con sus famosos trackers privados, ese sentido casi abstracto de «comunidad», con todo lo que eso conlleva en tiempos de individualismo hedonista y de bajo nivel conceptual…abrazo!

Dejá una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí