Un invento adelantado a su época: el teatrófono

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En el París del siglo XIX, las damas y los caballeros de poder adquisitivo elevado vestían sus mejores galas para acudir a fastuosas representaciones de teatro e imponentes óperas de orondas sopranos. Ellos con pantalones de trabillas, ajustadas levitas, zapatos de charol, chistera y bastón; ellas con blusas de cuello alto con encajes, corsés, amplias faldas de vuelo holgado con faralaes, botines de tacón y tocado o sombrero. La más alta representación de la más alta sociedad pudiente.

Sin embargo, los menos adinerados, aquella gente de estofas más bajas, no disponían de posibles para poder acudir a estos actos sociales. Aquello trajo de cabeza durante muchos años al ingeniero francés Clément Ader, que no podía entender por qué la cultura sólo podía estar al alcance de unos pocos, y no de todo el pueblo. Este hombre habría sido el perfecto pirata en el siglo de las comunicaciones 2.0.

Preocupado por la instrucción de sus contemporáneos, en 1881 presentó en París un sistema al que bautizó como teatrófono (théâtrophone en francés). Consistía en una serie de procedimientos tecnológicos del momento que permitían escuchar una ópera o una obra teatral cómodamente sentado en casa, a través de las líneas telefónicas y en tiempo real. La presentación fue todo un éxito.

El aparato receptor del teatrófono

El aparato receptor del teatrófono

Ader colocó frente al escenario 80 transmisores telefónicos, creando así una forma de sonido estereofónico binaural u holofónico, esto es, sonidos diseñados para generar sensación de tridimensionalidad en el cerebro, haciendo creer a los escuchadores estar inmersos en el propio ambiente del recinto teatral. Los transmisores enviaban la señal a una estación secundaria instalada en el propio teatro y, desde allí, se remitía a un gigantesco concentrador que se asemejaba a una centralita telefónica de las de entonces, donde señoritas sentadas frente a paneles conectaban y desconectaban clavijas como locas.

Central teatrofonera

Central teatrofonera

El usuario final recibía en su domicilio la señal musical a través de un aparato similar a un teléfono, pero sin micrófono y con dos auriculares estéreo. Para poder disfrutar de este servicio era necesario abonar una cuota mensual que, si bien no era asequible a las personas más pobres, era infinitamente más barata que una entrada para la ópera, y acercaba a la clase media aquello de lo que no podían disfrutar en vivo.

Existieron también teatrófonos públicos, en cabinas parecidas a las telefónicas. Estos estaban programados para apagarse cada cinco minutos, momento en el cual, el usuario debía introducir de nuevo monedas para seguir escuchando la música o la obra de teatro en cuestión. Se sabe que en París llegó a haber hasta 100 teatrófonos públicos, y un número no revelado de aparatos instalados en viviendas particulares.

El servicio comenzó a ofrecerse exclusivamente en París en 1880, a través de una compañía fundada a tal efecto y denominada “Compagnie du Théâtrophone”. Ofrecía música o teatro continuamente y, cuando no había una obra en toda la ciudad, se podía escuchar música previamente grabada. También disponía de emisiones de noticias a intervalos programados. En 1884 llegó a Bélgica, en 1885 a Portugal y en 1887 a Suecia. En otros países europeos y americanos, como el Reino Unido o Estados Unidos, se importó la idea pero se desarrollaron sistemas análogos.

El teatrófono sucumbió a la creciente popularidad de la radio y el fonógrafo, y la “Compagnie du Théâtrophone” cesó sus operaciones en 1932. Acababa de morir el antecesor de Spotify. Curiosamente, un par de siglos después, la música (y la cultura en general) llega a nuestros domicilios de una manera todavía más cómoda y más barata. Clément Ader no hubiera podido predecir lo que hoy existe, pero estoy seguro de que habría estado encantado con un iPod en las manos y una conexión de banda ancha.

Y por cierto, el nombre de teatrófono es horrible; ya se le podía haber ocurrido otro, la verdad.

7 COMENTARIOS

  1. Que grande el tipo! Que ingenio para brindar el servicio con esos aparatazos…

    PD: teatrófono me gusta. Es muy de época! Buen post chamigo

  2. Los descendientes Monsieur Ader en este momento están recibiendo un “cease & desist” de parte de los abogados de Apple, porque el artefacto violó alguna patente del iPod…

  3. A mí tampoco me gusta el término “teatrófono”, es muy antiguo y muy de la época. Hoy se habría llamado el “Theater Center Streaming Network”, más conocido como el TCSNet.

    El post insuperable.

  4. Entra mas leía mas me parecía estar leyendo una entrada en TeknoPLOF, cual fue mi sorpresa cuando vi quien era el autor del articulo.

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