¿Cuánto pueden esconder unas simples notas musicales?

De alguna forma, entre las artes podemos encontrar mucho más que la mera suma de sus partes. Un cuadro puede representar toda una época, y no sólo un montón de óleo colorido.Una obra puede retratar el clima social y político de una nación. Y una canción quizás consiga traernos memorias de otros tiempos.

En mi caso fue un tema nostálgico que de repente y sin quererlo, me hizo pensar en todas las veces y formas en las que me había acompañado a lo largo de mi vida.

St. Petersburg, de Supergrass, es un tema del año 2005. Destaca en el catálogo de la banda por ser introspectivo, hermoso y calmado. Cosa que sin dudas tiene que ver con la motivación para este artículo. Acostado en mi cama, aprovechando los fantásticos y eternos momentos de fiaca antes de levantarme, sentí un golpe de nostalgia, y empecé a recordar.

La primera vez que lo escuché, fue por el medio que era común en su momento: el video, pasado por MTV o Much Music. Yo estaba en tercero de la secundaria, y contaba con 15 años. Por aquel entonces, el recurso era la televisión. Solían pasar horas y horas de canciones ininterrumpidas. Empezaban a asomar algunos realities, pero, al igual que sucedía con la radio, nos enterábamos de lo nuevo que sonaba gracias a su programación.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=i3ACMUvGcZY[/youtube]

No sé si soy el único que relaciona discos, juegos y demás cosas con una era temporal y emocional. La verdad es que escuchar esa canción me transporta a mi pasado. Aunque ya no esté en la secundaria, y tantas cosas hayan cambiado desde el 2005, St. Petersburg desde entonces me ha acompañado.

Ésta es la parte en que, como escritor, me encantaría contarles que compré el disco; que solía esperar con gusto al track 2, que es el que nos concierne y así regalarle al artículo una dulce metáfora sensorial sobre los cambios tecnológicos. Que son en gran parte, su cuestión.

Pero les estaría mintiendo. Acá difícilmente se conseguían discos de Supergrass, y yo todavía no empezaba a coleccionarlos. Habiéndome salteado esa instancia, algo continuaba llamándome en la canción, y con el tiempo la incorporaría a uno de mis discos de compilados, además de ganar su lugar en mi biblioteca mental de favoritos. Mucho después, pude hacerme con el álbum entero. Cosas de cambiar del dial-up a la banda ancha, supongo.

MTV murió. Se lo chupó un vórtice de mainstream pop, poca música y programas pensados, filmados y vendidos con un target de adolescente primermundista. La idea de escuchar rankings o esperar todo el día a que pasaran aquello que nos encantaba nos fue lentamente abandonando. La elección total y constante en la que vivimos hoy en día tiene sus ventajas y sus miserias, es cierto. Pero indistintamente, denuncia que el paradigma ya es otro.

Ahora que tengo el álbum Road to Rouen en mi biblioteca, rara vez lo escucho. Está entre otros cientos de discos, de innumerables artistas. Antes que no la tenía, la cantaba caminando a casa desde la escuela. Ahora que la tengo, apenas si la recuerdo una vez cada tanto. Su paso y saltos por los medios que me acompañaron en mi camino son también parte de su historia. Mi historia con esa canción, una que repito y reescribo al oírla.

Todo esto cruzó como un relámpago por mi cabeza, al escuchar de nuevo St. Petersburg en mi cama, por medio de mi smartphone. Otro formato más, en el que cargué algunos de mis clásicos personales. Pensé en todo lo que ilustra este artículo en unos 5 segundos, pero la idea fue poderosa y caló hondo en mí.

Podría tratarse de cualquier canción. Incluso me faltan quizás referencias a los discos de pasta, o también a la admirable persistencia humana que cuidó y guardó por cuanto medio pudo sus formas de expresión, desde Vivaldi hasta Beethoven.

Asombra la belleza de las cosas antiguas
Asombra la belleza de las cosas antiguas

Percy Shelley en Ozymandias dejó el testimonio más descomunal que conozco de esa persistencia: nada queda de los que alguna vez gobernaron el mundo, salvo el arte que los representa… y polvo.

Creo que por eso mismo, es tan chocante que una canción de hace apenas 12 años, haya desfilado por tantas formas de inmortalizarse. Del disco al video, al formato digital, incluso al streaming de Spotify. Por no nombrar el cambio de cada arte: del libro al ebook, del cine al living. U otro más cercano… escribo estas letras en papel, con lapicera, y no puedo evitar admitir el cambio, al punto que mi muñeca ya no es la misma (me veo venir los chistes), y ya no da para escribir tanto de golpe. Duele, no sólo físicamente.

St. Petersburg, ¿cuántas veces más le tocará pasar por esa metamorfosis, cuántas historias más vivirá a mi lado? ¿Acaso el medio afectará tanto a la forma de sentir?

No lo sé. Siempre he sido una persona con más preguntas que respuestas. Pero estoy seguro de que cada vez que escuche sus notas de piano y balalaika, todo lo que está escondido en ellas, desde mis 15 años a ese momento, saldrá a la luz.

¿Alguna vez se detuvieron a pensar en todo esto? En los cambios, los formatos, y la forma de disfrutar, tan variable en el tramo de historia que nos tocó vivir. Y por supuesto, ¿Tienen alguna canción, película o libro que los transporte de esa forma? Los leo,pero ya en el medio digital.

11 Comentarios

  1. Por empezar, confieso que inmediatamente después de leer el título dije: esto lo escribió Byron.
    Dicho y hecho. Así que ya te voy tomando el pulso.
    Coincido plenamente. Todo el arte te transporta de algún modo a una época, un recuerdo, un contexto.
    Es la expresión más pura del alma.
    Yo no puedo escuchar el tango “Casas viejas”, porque literalmente se dibuja en mi mente una escena perfecta de una parte de mi infancia en la casa de mis abuelos y me es inevitable no emocionarme y caer en la cuenta que ya no están. Ni ellos, ni esa casa.
    Es sorprendente que una prosa pueda en cuestión de segundos traerme el pasado con tanto lujo de detalles, que de otra forma me resultaría imposible recordar.

    También se va produciendo una especie de evolución. A medida que crecés, inevitablemente cambia tu forma de ver y entender ciertas cosas. Lo mágico es que todo pasa por un proceso de transición lenta, donde no podés planificar esa evolución, porque estás sujeto a un contexto con infinidad de variables.

    En mi caso, la música me impacta por demás de cualquier otra expresión. Debo tener mil razones para que ocurra ésto. Pero, en definitiva, lo que importa es descubrir lo que te hace vibrar.

  2. Me paso algo similar cuando escuche mi primer cancion en formato FLAC. Habia ahorrado mucho mucho, me compre mis senhheiser hd 202 y un sansa clip. La primera cancion que escuche ahi fue Schism de Tool y me acuerdo que me movio todos los pelos. Como nunca habia escuchado la musica asi, fue un cambio total. Despues de eso, todo lo demas es nada..
    Con respecto a los libros, creo que ese cambio nunca va a suceder, el Ebook nunca le va a ganar a un libro.
    Saludos Baron B.

    • No estoy seguro de lo que has dicho sea verdad, justo está mañana una amiga estaba usando la tablet de otra compañera y después de un momento comenzó a leer un libro en la tablet, yo me quede wtf?, pero en ese mismo instante me di cuenta que ya estoy pasadito de años (con mis humildes 19 años) y la tecnología nos sirve para tanto que ni la tenemos en cuenta cuando la usamos.

      • El libro tiene otro tacto, otro sentido, otra motivación, otra función, otro modo de transmitir. La tablet es fría, su función es otra, lo de poder leer en ella es solo una capacidad. Es claro que en una tablet podes tener libros que nunca conseguirías en su forma impresa, que ahorras mucho dinero, que es más práctico, etc. Pero nunca nadie me va a sacar el placer de leer unas hojas antes de irme a dormir todos los días o mirar mi biblioteca como crece y que linda que queda ordenada, con sus colores y formas.
        Saludos!

    • Ahh, Tool, que gran banda. Disfruto cada p*to segundo.

      A mi todos estos cambios no han hecho mas que pulir mis gustos musicales pero con un costo bastante alto, ya no escucho bandas nuevas. No tengo momentos para hacerlo porque la radio (que aun escucho) ya no pasa esa musica. Solo me quedan algunos minutos antes de dormir que los aprovecho para escuchar una y otra vez los mismos temas.

      Gran articulo.

      Saludos

  3. El ebook es frio… el libro caliente… la musica electronica fria y el ampli valvular caliente.

    Parece que todo lo digital transmite una temperatura diferente de lo analogico. hay algo que se pierde (o se transforma) en el camino. De igual forma todos conviven. Todo es una red, un entramado complejo como el espacio-tiempo… o la misma internet.

    El hipervinculo es una forma relativamente nueva de leer, aunque tal vez en libros como rayuela de cortazar profetizaban acerca de esto. Antes era lindo tener en la casa una biblioteca. Hoy todos alquilan y es poco práctico, sobretodo las enciclopedias (algo que definitivamente fue reemplazado).

    El punto es que no decidimos nosotros los cambios. solo somos testigos de como la mano “invisible” del mercado imponen que y como hacer las cosas. Así se creó Latinoamerica. Que se yo!

  4. Siempre pensé que el arte es un gran catalizador y canalizador de recuerdos. Cada vez que escuchamos, leemos o contemplamos cualquier forma de arte, los recuerdos y las emociones suelen invadirnos casi inmediatamente. A veces de manera alegre y otras no tanto.

    Generalmente los recuerdos son asociados a la nostalgia, por lo cual suelen inundarnos los ojos con esas lágrimas contenidas llenas de emociones. En mi caso particular, me resulta muy difícil escuchar Yesterday (The Beatles) sin evocar ese River Plate del año 1993, o ir más atrás aún cuando conseguí un domingo por la mañana en el parque Rivadavia ¡Help! a unos $3 pesos. Si era invierno, el día era soleado y no tenía una puta nube…

    Pero no solo la música me trae recuerdos… hace unos pocos años, pude conseguir la trilogía completa de “Los señores del cielo” de John Brosnan (ficción de la buena que aún no entiendo como nadie llevó al cine). Desde 1992 que estaba buscando esa colección. Cuando la volví a leer, creo que lloré un poco, no porque sea una historia necesariamente triste, sino porque me llevo nuevamente a mis 16 años, cuando tirado en mi cama leía durante interminables horas… una época donde las preocupaciones eran otras, eran pocas.

    Diferente es cuando veo cine. Hay pocas películas que me evoquen recuerdos (tal vez Más allá de los sueños con Robin Williams sea una es estas ya que es la primera película que miré junto a mi actual esposa). Lo que si puedo afirmar es que me mueve muchos sentimientos, mayormente relacionado a emociones fuertes de congoja, angustia, cólera, tristeza… Ojo, con esto no quiero decir que veo cine y lloro, nada más lejos de la realidad. El cine que más consumo viene por el lado de la ficción seguido muy de cerca por el terror, el tema es que este cine no me suele evocar recuerdos, si no más bien disparar la imaginación. Un ejemplo clarísimo fue cuando hace un par de temporadas de GOT, (minimum spoiler, si no están muy al día), el personaje Jorah Mormont es contagiado con una enfermedad mortal y deja a Khaleesi con la promesa de solo volver si encuentra una cura. En mi mente se narraron miles de posibilidades para este personaje, recorriendo un mundo que no conocemos en su mayoría, enfrentándose a miles de aventuras con el tiempo corriendo en contra….. Si, fuí ávido consumidor de mucho Nippur de Lagash y Dago.

    Bueno, sin extenderme aún más puedo asegurar que el arte en todas sus formas recuerda, transmite o genera todo tipo de recuerdos y emociones.

  5. A mí la música no me transporta a otros lugares o épocas. Muuuuy rara vez recuerdo algo específico con alguna canción.

    Con una de mis favoritas de todos los tiempos, November Rain, me pasó de sentirme movilizado completamente cada vez que la escuchaba desde que salió en esos buenos discos dobles de los Guns N Roses. Quizás era alguna especie de presagio lo que el destino me tenia preparado: mi madre muere en el mes de Noviembre de 2.012. Y desde allí si que recuerdo cosas con una canción. Con esa canción. November Rain.

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