Hasta no mucho tiempo atrás, Humane era una empresa desconocida para la gran mayoría de la gente. Y es probable que hoy todavía lo sea. Sin embargo, esta startup fundada por dos ex-Apple dice que quiere cambiar para siempre el modo en el que interactuamos con nuestros dispositivos móviles, eliminando las pantallas y dándole prioridad absoluta a la inteligencia artificial.

El jueves pasado dieron el primer paso hacia esa visión de futuro cuando presentaron el AI Pin, uno de los dispositivos más hypeados de los últimos meses. Como bien lo dice su nombre, es un “pin de inteligencia artificial”. Un broche o prendedor que se puede llevar en la ropa y que se propone ser un asistente personal, una computadora y un teléfono, sin ser del todo ninguna de esas cosas.

Si esto les suena un poco raro, no se preocupen. Entender lo que propone Humane es mucho más sencillo de lo que en principio aparenta, pero primero hay que aislar y eliminar todo el ruido que se generó a su alrededor. O, mejor dicho, que la propia empresa generó a su alrededor.

El hardware

Humane
Así se ve el AI Pin de Humane, en sus tres presentaciones.

El AI Pin de Humane es un aparatito cuadrado de 4,7 centímetros de alto, por 4,4 centímetros de ancho, y poco menos de 2,5 centímetros de espesor (con la batería incluida). Es casi del mismo tamaño que una galletita de agua —o masita salada, como decimos en Santa Fe; vengan de a uno—, si quieren pensar en algo cotidiano con qué compararlo. Vale aclarar que está dividido en dos piezas: el prendedor por un lado y la batería por el otro. Ambos se adhieren entre sí a través de la ropa usando un imán, aunque también hay clips y otros accesorios para distintos tipos de indumentaria.

En el interior hay un chip de ocho núcleos Qualcomm Snapdragon, aunque el modelo todavía es un misterio. La tabla básica de especificaciones se completa con 4 GB de RAM, 32 GB de almacenamiento eMMC, acelerómetro, giroscopio, GPS, magnetómetro y un sensor de luz ambiente. En el frente hay una cámara de 13 megapíxeles, un sensor de profundidad 3D y un touchpad con soporte para varios gestos con uno o dos dedos.

También tiene micrófono y parlante integrado, conectividad celular (más sobre esto más adelante), WiFi y Bluetooth. Aunque lo más loco de todo es que tiene un láser que puede proyectar texto o una interfaz gráfica en la palma de la mano del usuario. Es un cliché grande como una casa, pero realmente parece sacado de Viaje a las Estrellas o de una novela de ciencia ficción.

El software

Durante la presentación, los fundadores de Humane recalcaron que el AI Pin no usa apps, sino “experiencias de inteligencia artificial”. Todavía no está muy claro cómo es el asunto, pero la empresa trabaja junto a Microsoft y OpenAI (ChatGPT) para que los usuarios tengan acceso directo a características basadas en un modelo de lenguaje no especificado, pero que probablemente sea GPT-3.5 o GPT-4.

Aunque la cosa no termina ahí. El dispositivo usa su propio sistema operativo, llamado Cosmos, e introduce el AI Bus, un framework que, según Humane, “transforma cómo interactúa el software en la nube”. Estimo que algún día sabremos qué significa eso.

Si bien no tiene aplicaciones como un teléfono común y corriente, el AI Pin sí se conecta con servicios de forma nativa. Uno de los primeros es Tidal, una plataforma de streaming a lo Spotify, pero con un catálogo de música con audio sin pérdida. Por ahora, no hay novedades sobre qué otras integraciones podrían llegar en el futuro.

El uso

El proyector láser es lo más futurista del dispositivo de Humane.

Humane le dedicó bastante energía en estos meses a remarcar que el AI Pin es un dispositivo independiente, no un accesorio. No es necesario emparejarlo con un smartphone, ni nada por el estilo. Lo irónico es que el primer evento promocional del aparato fue un desfile de modas en París, donde no fue la estrella del show, sino un mero accesorio de los diferentes atuendos que vistieron los modelos. En fin. “Son decisiones”, diría mi querido Miguel Ángel Russo.

La experiencia de uso del dispositivo de Humane se basa en dos pilares fundamentales: la voz y el control por gestos. ¿Querés preguntarle algo a la inteligencia artificial? Mantené pulsado el touchpad por un par de segundos y el micrófono se activa. ¿Querés sacar una foto? Tenés que dar un doble golpe con dos dedos sobre la superficie táctil. ¿Reproducir o pausar música? Doble golpe con un solo dedo. ¿Subir y bajar el volumen? Deslizar hacia arriba o abajo. La lista sigue, pero creo que la idea se entiende en líneas generales.

Sobre el uso de la voz, algo que me pareció súper interesante es que el equipo no usa una frase o palabra clave como comando de activación, como sí sucede con Alexa, Siri o el Asistente de Google. Si querés “despertar” a la IA, estás obligado a interactuar físicamente con el touchpad, y es una buena idea enfocada en la privacidad. Es importante mencionar que incluye luces de distintos colores que le avisan a cualquier persona que el dispositivo se está usando, como para que nadie se quiera pasar de vivo y grabar a otro a escondidas, o algo por el estilo. También tiene un indicador LED para notificaciones entrantes.

El láser que funciona como proyector es lo más llamativo. El AI Pin detecta automáticamente cuando la mano del usuario está frente a él y proyecta una interfaz gráfica sobre la palma. Aquí aparece una segunda gran ironía: el wearable que llega para liberarnos de las pantallas que nos están quemando los ojos —y el cerebro— necesita de una pantalla virtual para que las personas puedan interactuar con varias de sus funciones.

Ojo, no estoy acá para buscarle la quinta pata al gato. Es cierto que está pensada para cuestiones muy específicas, pero no deja de ser una pantalla. De hecho, Humane la llama Laser Ink Display, o sea, pantalla de tinta láser.

Vuelvo unas líneas hacia atrás. Cuando el AI Pin detecta la palma de la mano, proyecta una interfaz. Algo que está muy interesante es la elección de los gestos: inclinando la mano en distintas direcciones (derecha, izquierda, abajo), se selecciona una acción determinada, y haciendo un pequeño tap con la yema de los dedos índice y pulgar se la ejecuta. Al cerrar y volver a abrir el puño se regresa a la pantalla principal, y tocando nuevamente la punta de los dedos se puede navegar por distintos elementos (clima, fecha, ubicación y lugar cercanos) como si fueran widgets virtuales.

El humo

Humane
Bethany Bongiorno e Imran Chaudhri, el matrimonio fundador de Humane.

A partir de acá es donde empezamos a meternos en terreno un poco escabroso. Humane es una startup que fundaron dos exempleados de Apple, Bethany Bongiorno e Imran Chaudhri, en 2018. Sin embargo, las circunstancias precisas de cómo se inició la empresa no están del todo claras. Hay historias y anécdotas, pero todo está rodeado de una especie de misterio o misticismo que se ha cultivado desde puertas hacia adentro.

Lo único certero es que, desde su fundación, Humane levantó capital por alrededor de 240 millones de dólares. La ronda más reciente fue en marzo de este año y por 100 millones de dólares. Entre los inversores hay varios nombres potentes, como el de Sam Altman, CEO de OpenAI. Lo verdaderamente curioso es que consiguieron todo ese dinero sin que prácticamente nadie supiera qué hacían.

Lógicamente, algún tipo de información deben haberle provisto a los “benefactores”, porque nadie suelta la biyuya así porque sí. “No me hice rico firmando cheques”, le dijo Bill Gates a Homero Simpson, y es una realidad. Aunque también es cierto que hoy en día los peces gordos de Silicon Valley tienen un fetiche con ciertos tipos de empresas y emprendedores a la hora de invertir.

Pasó en su momento con Theranos, que prometía crear un método de diagnosticar un sinfín de enfermedades a partir de una sola gota de sangre. La idea era atractiva, parecía razonable y prometía revolucionar la medicina moderna, pero no fue más que una mentira que derivó en uno de los fraudes más grandes de la historia del sector tecnológico. Y es probable que más de un escéptico haya querido alzar la voz para advertir al respecto, pero Elizabeth Holmes tenía a todo el mundo obnubilado.

La rubia del suéter negro con cuello de tortuga era la viva imagen del sueño americano: una joven talentosa que había perseguido su sueño de cambiar el mundo y se había hecho millonaria en el camino. El famoso cuento del self-made man; o self-made woman, en este caso. Los invito a que busquen en Google cuántos veces la prensa dijo que era “la nueva Steve Jobs”. El resto es historia.

Con esto no estoy diciendo que Humane sea el próximo Theranos, ni nada por el estilo. Sin embargo, es imposible no ver en esta empresa y sus fundadores un calco del libreto de la startup cool que busca entrarle a los inversores —y al público— a través de declaraciones grandilocuentes y de una estética stevejobesca, si se me permite inventar un término.

El tipo de ropa que usan, el diseño minimalista de las oficinas y hasta el modo de expresarse parecen sacados de un manual. Si no me creen, vean el video de la presentación del AI Pin o su primer spot publicitario. Si cierran los ojos y prestan atención, Chaudhri habla igual que Jony Ive en su época de oro en Apple.

Me cuesta mucho escribir esto sin sonar prejuicioso, y estoy haciendo mi mayor esfuerzo por no serlo. Pero llevo bastante tiempo siguiéndole la pista a Humane y no puedo evitar sentir que, más allá de las buenas intenciones y los méritos que pueda tener su primer producto, el “componente humo” cotiza bastante alto en esta empresa. De hecho, con todo el hype del lanzamiento del AI Pin estuve leyendo un artículo de The New York Times que me convenció de que no estoy demasiado errado al respecto.

¿Recuerdan que unos párrafos más atrás comenté sobre la necesidad de las startups de darle un tono épico o místico a su fundación? Bueno, Humane lo llevó a otro nivel. A continuación les comparto la versión traducida de un fragmento textual de lo que publicó el NYT. Habla sobre cómo Bongiorno y Chaudhri se conocieron durante sus días en Apple, y cómo iniciaron el camino hacia su propio emprendimiento tecnológico:

Se conocieron en Apple en 2008. Chaudhri estaba trabajando en su interfaz humana, definiendo los movimientos de deslizamiento y arrastre que controlan los iPhone. La Sra. Bongiorno era directora de programas de los iPhone y iPad. Trabajaron juntos hasta que dejaron Apple a finales de 2016.

Un monje budista llamado Hermano Espíritu los llevó a Humane. Chaudhri y Bongiorno habían desarrollado conceptos para dos productos de inteligencia artificial: un dispositivo de salud para la mujer y el pin. El Hermano Espíritu, a quien conocieron a través de su acupunturista, les recomendó que compartieran las ideas con su amigo, Marc Benioff, fundador de Salesforce.

Sentados debajo de una palmera, en un acantilado sobre el océano en la casa hawaiana de Benioff en 2018, explicaron ambos dispositivos. ‘Este’, dijo Benioff, señalando el AI Pin, mientras los delfines rompían las olas debajo, ‘es enorme’.

‘Va a ser una empresa enorme’, añadió.

Si esto no es humo, no sé qué lo es.

Las condiciones en las que Bethany Bongiorno e Imran Chaudhri se fueron de Apple no están del todo claras. Dicen las malas lenguas que su salida de la empresa de Cupertino no fue en los mejores términos, en especial porque a Chaudhri supuestamente le gustaba atribuirse demasiado crédito personal sobre ciertos desarrollos e innovaciones que, en realidad, habían sido el resultado de un trabajo en equipo. Como consecuencia, a los de Tim Cook no les caería en gracia que se los vincule con Humane o cualquiera de sus propuestas. Si es así o no realmente, no lo sé. Pero después de haber leído lo del Hermano Espíritu, no me sorprendería si fuera cierto.

Lo que sí es un hecho es que los fundadores de Humane se llevaron de Apple la capacidad de ponerle nombres curiosos —y hasta ridículos, creo yo— a las características de un producto. Los de la manzana tienen un doctorado a la hora de bautizar ciertas funciones o características de software o hardware, y de asumir esas nomenclaturas con absoluta seriedad. Algunos ejemplos son el Taptic Engine, el motor de vibración del iPhone; el Photonic Engine, su tecnología de fotografía computacional; o la Dynamic Island, que reemplazó al notch en la cámara frontal de los iPhone 14 Pro/Pro Max y que también está en todos los modelos del iPhone 15.

En el AI Pin queda a la vista enseguida que la muchachada de Humane no tuvo pudor al copiar esta fórmula. El micrófono del dispositivo se llama AI Mic, el parlante es un Personic Speaker, las baterías intercambiables son Battery Boosters, la luz que notifica que los sensores están encendidos es la Trust Light, y la lista sigue. Y ni hablar cuando nos enfocamos en los colores: la versión en blanco con marcos plateados es Lunar, la variante en negro con marcos plateados es Equinox, y la opción en negro con marcos en negro mate es Eclipse.

Humane y el desafío de trascender

El AI Pin se venderá con carcasas protectoras y otros accesorios.

A esta altura ya quedó bastante clara mi postura en torno a Humane y el AI Pin. No obstante, vuelvo sobre lo anterior: mi intención no es sonar ni ser prejuicioso. Creo, honestamente, que es notorio que hayan logrado meter tanto hardware en un dispositivo con este tamaño y factor de forma.

También creo que el AI Pin es muy interesante como prueba de concepto, y que es saludable que haya compañías que intenten algo diferente. En especial, cuando hoy los grandes jugadores de la industria tecnológica le están apostando sus fichas a un futuro donde las pantallas se integren más profundamente con las personas para ofrecer entornos de realidad aumentada, mixta y virtual, como es el caso de los Meta Quest o el Apple Vision Pro.

Si Humane logra navegar más allá del humo, es probable que tenga algo valioso entre manos. Lo que sus responsables deben comprender es que hoy en día el común de la gente no está preparada para guardar su celular en un cajón y entregarle el control de su vida a la inteligencia artificial generativa. Pero no por el temor a que se desate la rebelión de las máquinas, sino porque la tecnología todavía no está lista.

De hecho, durante el video de presentación del AI Pin se puede ver que le preguntan a la IA cuál es el mejor lugar del mundo para ver el eclipse solar de abril de 2024, y responde que en Australia y Timor Oriental, lo cual no es cierto. La totalidad será especialmente visible en Norteamérica. Esto puede parecer una tontería para muchos, pero el hecho de que una empresa netamente enfocada en desarrollar un producto basado en la IA no haga fact-checking de la información que provee la inteligencia artificial en su propio material de lanzamiento, no inspira demasiada confianza. Es cierto que la problemática de las “alucinaciones” de los modelos de IA excede a lo que puede hacer Humane al integrarse con la tecnología de terceros, pero deja en evidencia que aún falta mucho camino por recorrer.

El otro problema que afronta el AI Pin es su precio. El aparato cuesta desde 699 dólares y necesita sí o sí del pago de una suscripción mensual de 24 dólares para funcionar. ¿Por qué? Porque, más allá de todos los chiches, en su núcleo sigue siendo un celular, y la empresa te lo vende con una línea telefónica integrada y un plan ilimitado de datos, llamadas y mensajes.

Así que Humane no solo quiere que los usuarios abandonen su smartphone actual por uno sin pantalla y basado en la IA, sino también que cambien de número de teléfono. Es un compromiso bastante grande, sin dudas. La compañía espera vender 100.000 unidades del wearable durante su primer año, aunque todo dependerá de cuánto pueda trascender más allá del hype y el humo inicial.

2 COMENTARIOS

  1. Francisco

    Lo de poner nombres ridículos también lo ha tenido Juul, el fabricante de cigarrillos electrónicos (o sea venta de expendedores de nicotina) para sus diversos sabores:

    – CREM BRULEE
    – VIRGINIA TIBACCO
    – CLASSIC TOBACCO
    – MANGO
    – COOL MINT
    – FRUIT MEDLEY
    – COOL CUCUMBER

  2. Leo

    Parecen los de we work que tenian esos delirios misticos…

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