El Internet tal como lo conocíamos aquellos que la vimos nacer, está desapareciendo. Casi no nos damos cuenta, pero de aquella red de redes prácticamente anárquica ya queda cada vez menos, y una de esas cosas son los sitios que «ayudan» a que podamos consumir contenido audiovisual. Y sin dudas aRGENTeaM, junto con el ya desaparecido SubDIVX han sido dos pilares fundamentales en la provisión de subtítulos de películas y series.

aRGENTeaM nació en 2001. Recién comenzaban a aparecer las películas «comprimidas» con el formato DIVX en las distintas plataformas para compartir contenido que se usaban por entonces cómo KaZaa y eMule. Para nosotros, era muy fácil conseguir los famosos «.avi», lo complejo venía a la hora de conseguir los famosos «.srt» (SubRip Subtitle file) y ahí vinieron estos sitios para falicitarnos la vida.

Las comunidades al rescate

Internet y los usuarios no éramos lo mismo hace 20 años. A principios de los 2000 eran épocas de foros, donde la gente tenía una actitud natural y desinteresada para ayudarse entre todos. El trabajo de aRGENTeaM trascendió la simple traducción de subtítulos y terminó convirtiéndose en una comunidad vibrante de aficionados al cine y la televisión, un lugar para compartir, aprender y descubrir.

Lo que caracterizaba a aRGENTeaM por sobre la mayoría de «sitios de subtítulos» era que bregaba por un contenido exquisito. El sitio siempre fue muy lindo, usable y cuidado. De hecho, mientras escribía esto encontré una captura que le hice en 2011 cuando modificaron el diseño del foro:

La comunidad (el foro) solía manejarse de manera cordial. Recuerdo que había moderadores que avisaban que salía un contenido nuevo y desde ahí los usuarios se ponían en campaña para comenzar a traducirlo desde cero o para conseguir subtítulos en inglés y acelerar el trabajo. Era algo así cómo una máquina comunista funcionando sobre quizás el último gran invento que tuvo el capitalismo. Mágico.

La plata le fué ganando a la paja

Pero cómo en este mundo, las cosas cambian, y cada vez más rápido. El tiempo de furor de los subtítulos, de la «piratería» del contenido audiovisual ya pasó hace rato. Hoy tenemos tantos servicios de streaming como canales de TV teníamos en los 90’s y aquellos que defendíamos a piratear porque en Internet había cosas que no se conseguían prácticamente nos hemos quedado sin argumento. Además, la realidad es que estos servicios – por más que cada vez cuesten más – siguen siendo relativamente accesibles. Netflix, Amazon Prime, HBO+, Disney+, Star y varios más hoy han ido colonizando al mercado y por ende a los usuarios. Hoy es mucho mas fácil pagar un par de miles de pesos por mes, sentarse en el sillón y buscar algo para ver que hacer todo el ritual de bajar, buscar subtítulos y demás. Así es, si bien existen soluciones cómo Stremio o Prex, por nombrar un par, la realidad es que es necesario tener una PC conectada a la TV (o algún cachivache cómo un Android TV modificado) cosa que, o ya casi nadie tiene. o queda solamente para un número muy limitado de usuarios como pueden ser vos o yo, pero nunca tu primo Jorge, el policía.

Todo lo anteriormente escrito me sirve como introducción para contarles – si no se dieron cuenta ya por el título – que aRGENTeaM será dado de baja. Luego de 22 años esa maravillosa comunidad pasará a la historia de Internet Archive cómo uno de los sitios de subtílos más grande del mundo, ya que llegó a contener más de 100000 subtítulos. Una historia con un montón de sub-historias cómo «haber encontrado DVD hechos por las distribuidoras con subtítulos de argenteam” entre tantas otras. Una historia con usuarios que siguen siendo amigos con el paso de los años, creando una amistad desde chicos y hoy hasta llevando a sus hijos al mismo colegio.

Es por eso que quisiera despedirme de aRGENTeaM con un maravilloso texto del gran Hernán Casciari. Recordemos que el argentino se dedicó por mucho tiempo a hablar de series en el diario El País de España y desde su blog, Orsai, escribió esta maravilla en donde esta comunidad es protagonista:

Los miércoles a las nueve de la noche, hora de Nueva York, la cadena norteamericana ABC emite una serie de televisión que me gusta. A esa misma hora un mexicano llamado Elías, dueño de un vivero en Veracruz, la está grabando directamente a su disco rígido, y tan pronto como acabe subirá el archivo a Internet, sin cobrar un centavo por la molestia. Tiene esta costumbre, dice, porque le gusta la serie y sabe que hay personas en otras partes del mundo que están esperando por verla. Lo hace con dedicación, del mismo modo que trasplanta las gardenias de su jardín para que se reproduzca la belleza.

A las once de la noche de ese mismo miércoles, Erica, una violinista canadiense de veinticuatro años que ama la música clásica, baja a su disco rígido la copia de Elías y desgraba uno a uno los diálogos para que los fanáticos sordomudos de la serie puedan disfrutarla; distribuye esos subtítulos en un foro tan rápido como puede. No cobra por ello ni le interesa el argumento: lo hace porque su hermano Paul nació sordo y es fanático de la serie, o quizás porque sabe que hay otra mucha gente sorda, además de su hermano, que no puede oír música y debe contentarse con ver la televisión.

A las 3:35 de la madrugada del jueves, hora venezolana, Javier baja en Caracas la serie que grabó Elías y el archivo de texto que redactó y sincronizó Erica. Javier podría ver el capítulo en idioma original, porque conoce el inglés a la perfección, pero antes necesita traducirlo: siente un placer extraño al descubrir nuevas etimologías, pero más que nada le place compartir aquello que le interesa. Para no perder tiempo, Javier divide el texto anglosajón en ocho bloques de tamaños parecidos, y distribuye por mail siete de ellos, quedándose con el primero.

Inmediatamente le llega el segundo bloque a Carlos y Juan Cruz, dos empleados nocturnos de un Blockbuster bonaerense que suelen matar el tiempo jugando al ajedrez, pero que ocupan los miércoles a la madrugada en traducir una parte de la serie, porque ambos estudian inglés para dejar de ser empleados nocturnos, y también porque no se pierden jamás un capítulo.

El tercer bloque de texto lo está esperando Charo, una ceramista de Alicante que está subyugada por la trama y necesita ver la serie con urgencia, sin esperar a que la televisión española la emita, tarde y mal doblada, cincuenta años después. El cuarto bloque lo recibe María Luz, una tipógrafa rubia y alta que trabaja, también de noche, en un matutino de Cuba: María Luz deja por un momento de diseñar la portada del diario y se pone rápidamente a traducir lo que le toca. Dice que lo hace para practicar el idioma, ya que desea instalarse en Miami.

El quinto bloque viaja por mail hasta el ordenador de Raquel y José Luis, una pareja andaluza que vive de lo poco que le deja una librería en el centro de Sevilla. Llevan casados más de veinticinco años, no han tenido hijos, y hasta hace poco traducían sonetos de Yeats con el único objeto de poder leerlos juntos, ella en un idioma, él en otro. Ahora, que se han conectado a Internet, descubrieron que además de buena poesía existe también la buena televisión.

El sexto bloque le llega a Ricardo, en Cuzco: Ricardo es un homosexual solitario —y muchas noches deprimido— que traduce frenéticamente mientras hace dormir a su gato Ezequiel. El séptimo lo recibe Patrick, un inglés con cara de bueno que viajó a Costa Rica para perfeccionar su español, lo desvalijó una pandilla casi al bajar del avión pero igual se enamoró del país y se quedó a vivir allí. Y el octavo bloque le llega, al mismo tiempo que a todos, a Ashley, una chica sudafricana de madre uruguaya que es fanática de la serie porque le recuerda (y no se equivoca) a su libro favorito: La Isla del Tesoro.

Los ocho, que jamás se han visto las caras ni tienen más puntos en común que ser fanáticos de una serie de la televisión o de un idioma que no es el materno, traducen al castellano el bloque de texto que le corresponde a cada uno. Tardan aproximadamente dos horas en hacer su parte del trabajo, y dos horas más en discutir la exactitud de determinados pasajes de la traducción; después Javier, el primero, coordina la unificación y el envío a La Red. Ninguno de los ocho cobra dinero para hacer este trabajo semanal: para algunos es una buena forma de practicar inglés, para otros es una manera natural de compartir un gusto.

A esa misma hora Fabio, un adolescente a destiempo que vive en Rosario, a costas de sus padres a pesar de sus 23 años, encuentra por fin en aRGEnTeaM la traducción al castellano del texto. Con un programa incrusta los subtítulos al video original, desesperado por mirar el capítulo de la serie. A veces su madre lo interrumpe en mitad de la noche:

—¿Todavía estás ahí metido en Internet, Fabio? ¿Cuándo vas a hacer algo por los demás, o te pensás que todo empieza y termina en vos?

—Tenés razón mamá, ahora mismo apago —dice él, pero antes de irse a dormir coloca el archivo subtitulado en su carpeta de compartidos para que cualquiera, desde cualquier máquina, desde cualquier lugar del mundo, pueda bajarlo. Fabio jamás olvida ese detalle.

Los jueves suelo levantarme a las once de la mañana, casi a la misma hora en que Fabio, a quien no conozco, se ha ido a dormir en Rosario. Mientras me preparo el mate y reviso el correo, busco en Internet si ya está la versión original con subtítulos en español de mi serie preferida, que emitió ocho horas antes la cadena ABC en Estados Unidos. Siempre (nunca ha fallado) encuentro una versión flamante y me paso todo el resto de la mañana bajándola a mi computadora, para poder ver el capítulo en la tele a la noche. Mientras espero, escribo un cuento o un artículo para Orsai: lo hago porque me resulta placentero escribir, y porque quizás haya gente, en alguna parte, esperando que lo haga.

El artículo de hoy habla de Internet. Dice, palabras más, palabras menos, algo que en 1986 dijo Borges mucho mejor que yo, en un poema maravilloso que se llama Los Justos:

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

aRGENTeaM, cómo tantos otros sitios que se nos han ido, han hecho muchísimos más por la cultura y por las personas de lo que realmente pensamos. Han permitido a una generación de personas acceder a series y películas que de otra manera probablemente no hubieran podido.

Y eso amigos, también es cultura.

Gracias por tanto.

9 COMENTARIOS

  1. DrMato

    Qué tristeza! Realmente gran parte de mi ¿juventud? la pasé recorriendo sitios como Argenteam o Asiateam, que además de tener todos los videos muy ordenados y con distintos medios para descargar, generaban una comunidad muy importante como bien detallas en el post.

    Llegué a ellos buscando subs de buena calidad para los DivX que compraba en la Segunda Mano o descargándolos con paciencia china por eMule y, como soy medio toc con el tema de los subs tanto en las faltas de ortografía como la gramática y el formato, encontré ahí material de mucha calidad. Luego pasé a colaborar en varias traducciones, y me sorprendió ver cómo un grupo de personas que no se conocían trabajaban juntas (a veces contra reloj) para traducir unas líneas que serían unidas y corregidas por un supervisor para que sean disfrutadas por miles de otros usuarios a cambio de un «gracias» en el post de la serie/película…

    Sin lugar a dudas, una parte de mi ciber-vida se va con éste cierre..

  2. Damian

    Yo se que no es masivo, pero hay muchas series y pelis, que o estan en plataformas como peacock o shudder o directamente no estan, que no encontras un subtitulo por ningun lado…. no lo vemos, pero estamos perdiendo acceso a contenido tambien.

  3. Egon

    «Era algo así cómo una máquina comunista funcionando sobre quizás el último gran invento que tuvo el capitalismo. Mágico.»

    Recuerdo haber pensado algo parecido hace unos años. Pero con total seguridad tu frase está mucho mejor. Gracias por tus posts.

  4. AereonFrostmoon

    Me pone nervioso que las empresas sigan morfando internet.

  5. Jhon

    Haz dado en el clavo. Ya el Internet como lo conocemos esta desapareciendo.

    Desde mi punto de vista en unos años tambien se acabara la guerra de los navegadores xq la gente ya esta dejando de visitar paginas web como estas también. Todo se resumirá en un puñado de apps donde obtendrás todo lo que necesitas o crees necesitar

  6. Japezoa

    Se hizo muchísimo, a no estar triste.

    Argenteam, SubAdictos, Asia-Team y tantos más. Nunca nos fuimos…

  7. Balti

    subdivx aun existe y funciona bien

  8. Matias

    Dentro de unos años. TODO, PERO TOOOOOOOOOOOOODO mutará a AAS (as a service, agreguen lo que se les ocurra antes de aas).

    Nos convertiremos en terminales bobas que solo consumira ceros y unos desde un telefono (que en no mucho tiempo pasará a fomar parte de nuestro organismo, y seremos ciborgs), y esos ceros y unos se pagarán por miles. Todo nuestro ingreso ira a parar a los que manejan la Matrix.

    El Internet mutará a IOT a gran escala, y dependeremos de eso para vivir, mas de lo que ya dependemos actualmente.

    No mas PCs, ni equipos retro, ni televisores, ni consolas de videojuegos, ni radios, ni ningun dispositivo. Ya que el smartphone (el «phone» será un mero recuerdo) hará todo. Todo lo que podíamos tocar, desaparecerá, convirtiendose en elementos vintage, y a un valor astronomico… solo para los generación X que peinan canas (o que no peinan nada), los millenials que tambien peinan canas o no peinan nada… mas jovenes, los centennials ya cercanos a los 40, y algun que otro alpha que se interesa por el pasado.

    Y cuando «el anticristo», el «gobierno mundial», «los reptilianos» y demás alienigenas de vaya a saber que galaxia, o profundidades del averno mas tenebroso (solo cuando la quedemos llegaremos a el, a no ser que nos arrodillemos llorando y suplicando al barba por clemencia reconociendo que somos unos hdrmp que no merecemos ni el aire sucio que respiramos) se conviertan en amos del mundo de facto (que no lo voto ni magoya, pero ellos se autoproclaman gobierno), no tendremos nada de nada, y nuestra unica forma de vida es depender de esos «ceros y unos» que nos otorga la Matrix. Y quien no los tenga, vivirá en la edad de piedra… o terminará suicidado.

    Ya esta pasando…

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