¿Saben qué es lo que todos los juegos de realidad virtual quieren lograr? Hacerte sentir presencia, que por un instante te olvides que estás parado en un cuarto con dos pantallas a un par de centímetros de tus ojos, y te sientas realmente en el juego, que no estés manejando un personaje sino que seas ese personaje. Lone Echo lo hace, y es simplemente fantástico.

No sé ustedes, pero cuando era chico mi sueño era ser astronauta. Pensar en poder ver la Tierra desde el espacio o hacer viajes interestelares en búsqueda de lo desconocido eran constantes escapadas de mi imaginación. Una de las primeras películas que recuerdo haber visto en el cine fue Tron, siguió Star Wars y después, aunque era demasiado chico para apreciarla del todo, 2001: Odisea del Espacio, en la tele nunca dejaba pasar un capítulo de Star Trek: The Next Generation. La ciencia ficción me había atrapado, y nunca más me iba a dejar ir.

Ya sea en libros, comics, películas o juegos, la ciencia ficción me puede. Hoy, con un casco de realidad virtual, Lone Echo logró algo impensado hasta hace poco, hacerme sentir que estaba realmente flotando en el espacio en una estación espacial. Lo que viene no lo digo al pasar, este juego muestra hoy más que nadie el potencial del VR.

Si, ya se, no es la primera vez que digo esto, y prepárense, porque van a leerlo bastante por los próximos años. El motivo es simple, esto realmente recién empieza, y los desarrolladores están empezando a encontrarle la vuelta al VR. Me arriesgaría a decir que juegos como Lone Echo o Wilson’s Heart son los primeros buenos ejemplos de una segunda generación de títulos. Más allá de sus buenos gráficos y ambientación, usando los controles de forma que todo resulta natural logran una inmersión pocas veces vista.

Una aventura en la órbita de Saturno

Lone Echo invierte los roles tradicionales de las historias de ciencia ficción. Sos parte de la tripulación de una estación espacial que está minando los anillos de Saturno, bajo las órdenes de la capitana Olivia Rhodes, pero lo interesante es que no sos el típico héroe de carne y hueso, sino uno de metal. Ready at Dawn te pone en el papel de Jack, una inteligencia artificial más que un robot, que usa distintos “cuerpos” a lo largo de esta aventura.

La historia es buena e interesante, pero potenciada por una excelente actuación y animaciones de Liv, la capitana, logrando que sientas una conexión emocional inmediata. Esto hace una gran diferencia, y es una pieza clave para lograr esa inmersión total en lo que haces para ir descubriendo detalles de la historia, resolviendo el enigma de una extraña anomalía que afecta tus equipos.

Las misiones que tenés que hacer no son revolucionarias en cuanto al gameplay, pero sinceramente no importa demasiado, la experiencia para mí fue simplemente perfecta. Con muchos juegos uno está sentado en el sillón con una expresión neutra, pero con Lone Echo esa conexión emocional y la sensación de “estar ahí” hacen que todo sea distinto. Sentís la necesidad de apurarte para ayudar a Liv cuando está atrapada en peligro, la inmensidad del espacio mientras usas un pequeño transbordador para moverte y lo mágico de impulsarte en gravedad cero para moverte.

El juego dura unas 7 horas, en las que vas a ir mejorando minuto a minuto tu habilidad para moverte en gravedad cero. Algo que te vendrá perfecto para el componente multiplayer de este título, llamado Echo Arena, que está disponible también como un stand-alone y que por tres meses será gratuito. Este review es sobre Lone Echo, pero si algo puedo decirles de Echo Arena es que pocas veces me divertí tanto jugando en línea. Es una mezcla del juego de discos de Tron con los entrenamientos de Ender’s Game y un juego de Quidditch de Harry Potter. Tenía años sin ver a tanta gente pasándola tan bien y riéndose en un juego en línea. Así de bueno es.

Volviendo a Lone Echo, les tengo les tengo una buena noticia si tienen hijos. Esta es una aventura que puede disfrutar cualquiera y una experiencia para no perderse. El único problema que podrían llegar a tener son las “peleas” como las que tuve con mi hijo de 9 años para ver a quién le tocaba el turno de jugar. Como todo buen padre haría, me contuve y le di la prioridad, y fue el primero en terminar el juego, con un veredicto inmediato: “Es el mejor juego de realidad virtual que tenemos!”.

Ustedes saben que los chicos no mienten, y yo no soy nadie para contradecir a mi hijo, así que lo refuerzo, Lone Echo fue la mejor experiencia que tuve en VR. Si sos un fanático de la ciencia ficción, es el primer título que deberías jugar.

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