Tengo un vecino que que habla tan fuerte (sobre todo cuando va al baño), que casi pareciera que grita con la intención de ser oído por los demás. Pese a que su esposa le recrimina que lo oyen los vecinos él responde que no le preocupa porque dice “la pura y santa verdá” y que no le importa que los demás sepan, que es natural, que todos hacen lo mismo; y está en todo su derecho de pensar así. Al fin y al cabo, su privacidad la maneja él. Debo admitir, con cierta cuota de vergüenza, que con frecuencia me causa mucha gracia escucharlo vociferar sobre… Bueno, lo que deja en ese lugar.

Yo, por el contrario, soy un tipo reservado y muy tímido, me pone muy incómodo pensar en que llegue alguien a golpear la puerta cuando estoy inspirado, y quiero que ni mi propia familia oiga lo que ocurre entre esas cuatro paredes casi sagradas entre las que se asienta el trono.

Pero por incómoda que pueda llegar a ponerse la situación en ese lugar, no se compara a los escalofríos que siento cuando pienso en ese otro vecino, el invisible.

El invisible le digo yo, para mis adentros. Nadie cree que exista, nadie le conoce la cara, pero que evidentemente está en esa casa, la de persianas bajas, luces siempre apagadas y el pasto crecido y desprolijo.

Creo que se disfraza y nos visita a todos y cada uno de los de la cuadra, cada vez de alguien de un oficio distinto. Un día es el del cable, otro día, el del teléfono, otro, el de la alarma, el electricista, el plomero, el gasista, el que repara impresoras, etc., y que así es como llega a conocer a todos y ver qué hay en la casa de cada uno.

Siempre anda por ahí. Su casa (o la que creo que es su casa) no tiene nada que haga pensar que alguien vive ahí pero desde hace algunos años, en el límite entre esa casa y la de al lado, hay una cámara de vigilancia. Y en estos últimos meses la cantidad de cámaras instaladas en la cuadra aumentó. Sé que no son de los propietarios porque a algunos les pregunté, y están todas sobre los postes de alumbrado y servicios o bien en el límite entre dos casas.

Y así, sin que nos demos cuenta nos espía. Nos ve ir y venir, ve quién llega y quién sale de la casa de cada uno. Sabe a quién lo visita regularmente un médico, quién pide comida a la rotisería, quiénes son los amigos de cada uno. Y no quiero pensar en los elementos que pueda haber escondido en nuestras casas cuando hemos hecho venir, cada cual según necesitase, a alguien para que instale, repare o revise algo.

Y lo que más me duele es que lo he comentado con algunos, pero me tratan de loco, de paranoico, y me han dicho cosas que no se pueden mencionar acá porque suele haber chicos presentes. Con los de más confianza traté en repetidas ocasiones de explicarles por qué pienso lo que pienso, les comenté de las cosas que estuve preguntando y de las que he visto con mis propios ojos, pero no me creen. Al comienzo les hablé con sutileza sin resultados. Después fui un poco más directo en mis comentarios, pero la respuesta fue siempre de indiferencia. No saben que los están espiando, porque no creen que ese vecino del que hablo exista. Y yo sufro, porque algunos de esos vecinos son lo bastante cercanos como para considerarlos amigos.

Ellos, por su parte, están cómodos y se sienten seguros porque en sus casas también tienen sus propias cámaras de seguridad, y dicen que teniendo todo el perímetro de la casa vigilado podrían notar si están siendo vigilados por alguien más. Lo que no saben es que, según creo yo, esas cámaras las instaló el invisible, por lo que también tiene acceso a ellas.

La realidad

Y más triste aun es que, aunque el relato es totalmente ficticio, la situación es real. Tan real como la pantalla sobre la que estás leyendo esto.

No importa si lo que uno hace frente a una pantalla es cuestionable o no, no importa si las cosas que uno hace son cosas de conocimiento público o privadas. Lo que importa es que lo que uno espera que sea privado, íntimo, secreto, o como quieras llamarlo, debe mantenerse de esa manera.

Pero ahí afuera hay empresas chicas y grandes (y no me refiero solamente a Google, Facebook y Microsoft) que llevan años trabajando para recolectar datos sobre lo que hacemos, tanto online como offline (sí, también puede hacerse). Cada vez que uno accede a algún sitio web, éste almacena cookies (seguramente viste una advertencia sobre su uso en más de un sitio), que se utilizan, entre otras cosas, para almacenar las preferencias del usuario acerca del sitio visitado.

Además, el mismo sitio deja cookies de otros sitios, que se usan, en el mejor de los casos, para ofrecer alguna funcionalidad al usuario (como, por ejemplo, botones para compartir), pero en muchos casos (si no en la inmensa mayoría) para poder llevar un registro de los diferentes sitios a los que uno accede, los horarios en los que lo hace, la ubicación (con mayor o menor precisión) desde la que se accede al sitio, etc. y de este modo poder orientar, según la información recogida, la publicidad que se nos va a mostrar en los sitios web que visitamos. ¿Que soy paranoico? Probá comparar qué publicidades ves vos en tu teléfono y cuáles ve, por ejemplo, tu mamá (o alguien de preferencias notablemente distintas) en uno de tus sitios habituales y en uno de los de esa otra persona.

Y esto es solo la punta del ovillo, porque esos rastreadoes que están ahí afuera pueden llegar a saber mucho sobre vos. ¿Que por qué lo hacen? Por dinero. Lisa y llanamente lo hacen por dinero. (En el mejor de los casos lo hacen con el fin de ofrecer publicidad más relevante de cara al usuario, aunque también encontramos gobiernos que monitorean, persiguen o censuran la actividad de sus ciudadanos.) Toda esa información recolectada a lo largo del tiempo se vende a quien la compre. Difícilmente sea información personal, pero puede ser lo bastante precisa como para que uno se haga un planteo sobre qué debería hacer de ahora en más para que la situación no pase a peores.

Afortunadamente hay otras empresas, agrupaciones e individuos que pelean una batalla digital en varios frentes en defensa de nuestros derechos y libertades.

The Tor Project

Particularmente quiero hablar sobre The Tor Project. Es la organización que desarrolla el software Tor. El objetivo principal de Tor (no logrado al 100%) es conseguir que internet pueda usarse de forma que el enrutamiento de los mensajes proteja la identidad de los usuarios. Es decir, busca conseguir que no se pueda rastrear la información que envía un usuario para llegar hasta él. El uso más habitual de Tor es aprovechar sus características para lograr cierto grado de privacidad y anonimato en la navegación web en internet, o sea, que navegues sin que nadie sepa quién sos.

De todas maneras, no es el objetivo usar Tor para acceder a Facebook después de haber estado navegando como siempre ya que le estás dando a Facebook (y sus socios) muchos de los datos que evitarías darle usando Tor. Para ser claro: Tor bloquea gran parte de los rastreadores que usan estas empresas, y lo poco que puedan recolectar queda vinculado a un usuario que navegó durante el tiempo que haya durado tu sesión. Al cerrar el navegador, o al iniciar una nueva identidad desde el menú correspondiente, se eliminan los datos que almacenan los navegadores: cookies, sesiones activas, cache, etc. Para los rastreadores vendría a ser un usuario que empieza a navegar por primera vez. De cara al usuario, Tor es una versión modificada del navegador Firefox que hace posible el uso de estas características mencionadas.

Además de todo lo bueno que tiene Tor, el logo de la cebolla es genial.

La gente detrás de este proyecto son mayormente voluntarios, gente que le mete horas y horas por convicción y porque cree en el objetivo que persigue. Sin embargo la infraestructura que les permite estar online cuesta, por lo que siempre reciben con muy buenos ojos cualquier donación que se quiera hacer. Y ellos, por su parte, destinan parte de los fondos recibidos a los desarrolladores de Firefox, quienes aportan buena parte de lo que les permite realizar su trabajo.

No vengas con cosas raras, yo sigo con mi Internet Explorer 6

Bueno, entiendo… Tor hace muy bien lo que debe, pero usar tor como se debe implica adquirir ciertos hábitos de navegación que pueden no ser del agrado de todos, y no necesariamente satisfaga las necesidades de cada uno. Si solo querés reducir el rastreo hay otras opciones: EFF.org (Electronic Frontier Foundation, por su sigla en inglés) es una organización independiente sin fines de lucro que trabaja para proteger la privacidad en línea desde hace casi treinta años. Ofrece en su sitio una guía de autoprotección digital contra la vigilancia y desarrolló dos complementos para Firefox, Chrome y Opera. Privacy Barger es un bloqueador de rastreadores, y HTTPS Everywhere establece automáticamente la conexión a los sitios mediante ese protocolo, para usar siempre que sea posible una conexión cifrada (aunque esta es más una característica de seguridad más que de privacidad)

No me convence. ¿Qué más tenés?

Ghostery bloquea rastreadores y publicidades. Está disponible como app para Android e iOS y como complemento para los principales navegadores. Disconnect también bloquea más de 2000 sitios de rastreo y también está disponible como complemento para Chrome, Firefox, Safari y Opera, y como app (de pago) para iOS y Android. Pi Hole es una aplicación de bloqueo de publicidad y de rastreadores en Internet que funciona nivel de red en Linux (y corre muy bien en los Raspberry Pi) que actúa como un sumidero de DNS​. Y si esto tampoco te convence hay algo de trabajo manual que se puede hacer. Podés limitarte a usar siempre una ventana privada en tu navegador de preferencia. Podés eliminar frecuentemente los datos de navegación (Ctrl+Mayus+Supr), no necesariamente todo, sino solo las cookies. También podés configurar tu navegador para bloquear las cookies de terceros y para que las elimine al cerrarlo. Firefox, adicionalmente, incluye una función de bloqueo de rastreadores; por defecto está habilitada para las ventanas privadas, pero se puede configurar para usar siempre.

Leer más: Pi-Hole es maravilloso y deberías usarlo.

A mí no me importa qué ves en internet, en lo más mínimo. Tampoco te importa a vos por dónde ando yo, y así debería ser con todos. Pero hay muchos a los que sí les importa, y mucho, por donde andamos. Pensalo de este modo: ¿Por qué cerrás la puerta cuando vas al baño? Si lo que hacés ahí lo hacemos todos. Es más, ¿por qué tenés puerta en el baño, en el dormitorio, en la casa misma? ¿Qué querés esconder?

Creo que ahí radica el concepto de privacidad. No es que haya algo que esconder, es que hay cosas, que aunque naturales y sumamente universales, no necesitan ventilarse.

Mucha gente dice que esta movida de la privacidad en línea va a durar poco, que es una batalla perdida; que les da lo mismo porque no hacen nada malo ni tienen nada que esconder ¡Y se equivocan, de acá a la luna! Y aunque fuera una batalla perdida tenemos el derecho de no rendirnos; de pelear mientras podamos levantarnos y empuñar una espada en defensa de nuestros derechos y libertades.

9 Comentarios

  1. Muy bueno. Pero por favor, sacá ese acento en la palabra “como” en el título! Aarghhhh! (se tapa los ojos con las manos apretando fuerte)

  2. No es paranoia cuando realmente te están siguiendo.

    Ya me convenciste, y me voy a poner un Pi-Hole para las navidades.

    Y si, las webcams de mis equipos ya tienen una etiqueta pegada, por si el diablo.

  3. Lamento sumarme a la moción de que la privacidad es una batalla perdida.
    Esto no significa que muchos cuiden su privacidad. Pero, en un mundo cada vez más digital e hiper-conectado será demasiado tarde cuando todos se den cuenta de la gravedad del asunto.

    Es un camino irreversible. Me atrevo a decir que no vas a poder comprar un solo mero artículo que no tenga alguna pata de conexión a Internet.
    Me atrevo a ir un paso más adelante, tampoco vas a poder decidir desconectarte.

    Es decir, estar desconectado implicará, en una etapa inicial, estar completamente aislado del entorno que te rodea, fuera de los alcances de cualquier tipo de seguimiento y control (comercial o gubernamental).
    En una segunda etapa, esto será insuficiente. Ya no podrás desconectarte porque estarás biológicamente conectado estés donde estés, a menos que estés refugiado en un entorno físicamente impermeable a cualquier tipo de señal.

    Lejos de lo que soñé toda mi vida con el futuro de la tecnología y la humanidad, no son buenos augurios los que presiento. Pero, espero con ansias estar muy equivocado.

  4. Si. Aunque es una batalla perdida.

    Era 2013. Buscaba en Google Maps, apreto mi ubicación y aparece una foto de mi casa. Estaba en una PC así que no había GPS. ¿Como lo hizo Google? Cada vez que pasa con su camioneta va trackeando Wifi y las mac address de los router. Admitido por ellos.

    Trato de usar internet de mi universidad, o la de mi trabajo. Si somos cientos o miles detras de la misma IP se hace inútil trackear. En esas redes da cualquier publicidad sin relación.

  5. Hoy hasta los ISP te venden. Con Fibertel pasan unos días y siempre te encuentra Google Maps. En mi caso le acertan la calle pero no el número de mi casa. Con DirecTV me marca que estoy en Mendoza, y Claro me dice que estoy en Mar del Plata.

    Hay gente que le gusta la geolocalización, publicidad local, buscar “hoteles cerca” y que encuentre. A mi no.

  6. No sé si es meritorio de corrección pero Tor es mucho más que Tor Browser, que es de lo que habla el artículo principalmente. Y cuando se dice que Tor borrar sesión o bloquea según qué cosas, se está hablando exclusivamente del navegador.

    Por cierto, otra extensión útil es DuckDuckGo Privacy Essentials. Y ya que estamos, el buscador DuckDuckGo.

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